Big Black – Songs About Fucking

Cuando Songs About Fucking se publicó, Big Black ya se habían separado. El motivo es sorprendente: uno de los compañeros de Steve Albini quería retomar sus estudios de derecho. Esa es la versión oficial, claro, porque leyendo reseñas a uno le convence más la tesis de que Albini prefirió poner el punto y final a Big Black justo en el momento en que empezaban a llegar a un público más amplio, algo que al líder de la banda de Chicago le incomodaba porque, según él, esa era una señal de que su sonido se había convertido en una fórmula que podía crear las suficientes expectativas en su público para que éste llegase al concierto sabiendo qué iba a encontrarse, eliminándose elemento confrontacional y de peligro que Albini siempre ha buscado en sus proyectos. Es decir, que Albini no podía soportar la idea de que una banda con un sonido y unas letras como las de Big Black fuesen asumidas por un público con el que no se identificaba.

Songs about Fucking no es necesariamente su cumbre, y estaríamos horas discutiendo si éste es un mejor LP que el anterior, pero curiosamente, y por los motivos que sean, se ha convertido en el disco en el que pienso y pensamos inmediatamente al hablar de esta banda. Aquí nos encontramos de nuevo, entonces, con ese monolito de acero desgarrado formado por las guitarras, el bajo y esa caja de ritmos que les hacía extrañamente bailables al tiempo que industrialmente aterradores. El sonido de Big Black es lo más importante: su volumen, la velocidad de los instrumentos, todo está encaminado a convertir la escueta pero intensísima media hora de este disco en una bola de energía fría y violenta. A este fin responden todas las estrategias del disco, incluyendo el nombre de la banda, explicado así por el propio Albini:

Era una especie de extraña noción que tenía cuando era un universitario introvertido y quería empezar una banda grande y aterradora. Estaba simplificándolo todo tanto como fuese posible y en vez de ocurrírseme algo que implicase algo grande y negro, simplemente decidí llamarlo Big Black y olvidarme del tema.

Decisión que, por cierto, le valió numerosas acusaciones de racismo por el uso del color negro como símbolo de lo amenazador, algo que a Albini siempre le ha parecido una acusación ridícula.

Las letras siguen tratando sobre los mismos temas que en los discos anteriores: narraciones en primera persona sobre asesinos, violadores, suicidas y personajes por el estilo que algunos han relacionado con la Norteamérica profunda pero que a mí me recuerdan, sobre todo, a Cabeza Borradora de David Lynch. Y, sin embargo, las letras responden, más que a un interés por retratar el lado esquizoide de la sociedad americana, a la necesidad de dar a la música de Big Black unas letras tan poderosas como su música. Eso sí, a pesar de que en muchas ocasiones Steve Albini rehusaba justificarse por sus letras, en otras ocasiones se lanzaba un poco más y reconocía que si no quería justificarse era porque no le apetecía discutir con gente que, de todos modos, ya le había etiquetado como un monstruo. En otras ocasiones, sin embargo, llegaba a mostrarse más claro y se mostraba como una persona preocupada por las cosas que cantaba en sus canciones.

Entre los momentos que más me gustan de este disco están “Bad Penny”, en la que parecen que las guitarras echan chispas, y en la que juegan con la intensidad del sonido, incrementándola y disminuyéndola, guardándose el momento de reposo hacia la mitad de la canción para las líneas más complicadas: I think I fucked your girlfriend once… maybe twice, I don’t remember. La versión de “The Model” de Kraftwerk es justamente famosa, pervirtiendo el original, haciendo que líneas como I’d like to take her home with me, that’s understood o It only takes a camera to change her mind cobren un significado muy diferente al sustituir los gélidos teclados de los alemanes por las, ejem, gélidos guitarras de los de Chicago. Luego están “Kitty Empire”, que suena arrastrada, si Suicide hubiesen tocado guitarras en vez de sintetizadores y cajas de ritmos hubiesen hecho canciones como ésta en vez de “Frankie Teardrop”. La genial “Ergot”, con la voz de Albini casi inaudible e inentiligible en la mezcla, y esos cambios bruscos de intensidad que le dejan a uno agotado y “Fish Fry”, la canción más narrativa del disco con la letra más complicada son otros ejemplos de momentos cumbre que desmienten que Songs about Fucking sea simplemente una continuación o prolongación del disco anterior pero menos sorprendente.

En total, son catorce intensos y experimentales proyectiles en media hora, el disco que James G. Ballard hubiese hecho si hubiese tocado la guitarra en vez de escribir, como las mejores novelas del escritor, la música de este disco suena metálica, futurista, excitante y está llena de violencia y sexo. Pero lo que realmente es una experiencia es ver a Steve Albini y los suyos en directo -por cierto, Albini ha anunciado un único concierto con Big Black en un festival estadounidense para este año

ipolygon

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~ por fvguerino en mayo 25, 2008.

Una respuesta to “Big Black – Songs About Fucking”

  1. […] Camiseta Heavy Fucking Metal de Mike and Joe para chico Fucking Mondays | Jodidos Lunes Big Black – Songs About Fucking […]

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