Bauhaus – The Sky’s Gone Out

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Una de las derivaciones más inevitables del punk tenía que ser necesariamente este rock gótico del que suele atribuirse la patente a esta banda de Northampton, pese a que todos los componentes de la fórmula eran sobradamente conocidos y venían utilizándose (en algunos casos desde décadas antes) por músicos de las tendencias más variopintas. La gracia estuvo en utilizar conjuntamente todos esos elementos y hacerlo en el momento exacto en que la semilla podía caer sobre tierra fértil.

El adolescente gótico (incomprendido, huraño, necrófilo, con ciertas inquietudes culturales) es atemporal. Siempre estuvo ahí y siempre estará. Sólo necesitaba que alguien diera con la clave para conectar con él a través de las canciones con las que mejor se le puede acunar. Y fueron Peter Murphy, Daniel Ash, David J y Kevin Haskins quienes acertaron antes y mejor para establecer esa conexión sentimental con tan pálida, exclusiva, excluyente y fascinante tribu.

En su quinquenio pelado de existencia, Bauhaus estableció los preceptos del nuevo catecismo gótico, rápidamente asumidas por bandas de todo el mundo. Mostraban fascinación por el expresionismo alemán y la República de Weimar, se alimentaban de clásicos literarios y cinematográficos de horror gótico (el romanticismo decimonónico, pero también la serie B de Hollywood) y abrazaban una imaginería tenebrosa, muy teatral y, a su manera, extraordinariamente elegante.

En lo musical, Bauhaus cocinaron una plato magistral a base de  post-punk, herencia psicodélica, secuencias kraut y regreso a las esencias menos caducas del glam (significativa la versión de “Ziggy Stardust” que fue por entonces su single de mayor repercusión y ahora aparece en la reedición en CD). Como elemento insospechado, que les conecta con predecesores inmediatos no góticos en teoría (P.I.L., Joy Division, Gang of Four), una atención colateral a las pistas de baile. Lo demás es potencia, buenas e hipnóticas canciones, una actitud tan convincente que da lo mismo lo que pueda tener de histriónica o insincera, y una indudable vigencia de una onda no tan influyente ni tan vendible como otras del mismo período, pero más apta para sintonizar con la contemporaneidad. Con la de ahora, con la de dentro de diez y de veinte años.

Las cumbre de este álbum probablemente son el magnánimo cover a “Third Uncle” de Brian Eno, la apoteosis oscurantista de “In the Night”, la desquiciada y poética “Swing the Heartache” o la acongojante segunda parte de la muy Weimariana “Three Shadows”, tonadilla muy apta para ser silbada por el Vampiro de Düsseldorff.

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~ por fvguerino en enero 7, 2009.

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