Ornette Coleman: El Hombre que Asesinó al Jazz

La aportación de Ornette tanto musical, espiritual como filosóficamente ha inspirado durante cuarenta años a un montón de músicos a que miraran dentro de sí mismos y a que encontraran cosas que nunca habrían encontrado si él no hubiera tenido éxito previamente creando su propio lenguaje personal. Ornette es uno de los mejores ejemplos posibles de lo que una persona con una visión potente del sonido y la música puede llegar a realizar“.

Pat Metheny, en el prólogo del libro “Ornette Coleman, his life and music” de Peter Niklas Wilson.

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Después de la decepcionante parrilla del Proviencia Jazz Festival, me vengo enterando de la supuesta venida a Chile (Arena Movistar el próximo 9 de mayo) de uno de los genios de la música: Ornette Coleman, ,…

… Comencemos: el Jazz en sus casi 100 años de historia pregonó “libertad” y “ruptura”. El género necesitó de personajes que marcaran su rumbo, y sentaran las bases para su desarrollo. Louis Armstrong establecería conceptualmente el ABC del género con los patrones que aún hoy conocemos. Duke Ellington escribiría el cancionero oficial con sus big bands. Charlie Parker generaría la gran revolución armónica e improvisativa que le dio un vuelo nunca esperado por sus antecesores. Miles Davis se pasó la vida explorando en busca de los matices que enriquezcan el concepto, y  Ornette Coleman con su revolucionaria apuesta se encargo de la destrucción total de los parámetros conceptuales sentados por sus antecesores. Todos ellos funcionaron como puntos de partida e influenciaron a hordas de músicos al rededor de todo el mundo, que con mayor o menor fortuna cooperaron con su propia visión, haciendo del Jazz una expresión cultural inagotable. A finales de los 50’s, era poco probable que alguien pudiera redoblar la apuesta del genio Parkeriano. Quizás la idea de que todo estaba dicho es lo que motivó a Ornette Coleman a gestar la revolución más controversial de la Historia del Jazz.

Digno representante de una generación sumergida en la liberación de los Derechos civiles, el Black Power, el Mayo Francés, la Generación Beat y la píldora anticonceptiva. Lo único que faltaba era suar al Jazz a esta revolución, y para ello era necesario mucho valor , el suficiente  como para lanzar una propuesta semejante en 1959, tanto como para afrontar acusaciones tan conservadoras (desde los progresistas) como que el sonido de Coleman era una piqueta obscena diseñada para machacar los monumentos del género, y que su valor artístico no iba a tener más alcance que el de la voluntad provocadora. Aunque, probablemente, los únicos que tenían derecho a sentirse provocados por una obra de estas características fuesen los nostálgicos de la era del swing. Todas las audacias conocidas hasta la fecha tenían coartada: las de Coltrane, las de Mingus, las Miles Davis y hasta las de Eric Dolphy. Pero Ornette Coleman venía con una gramática futurista, ácida y sin concesiones. Lo que Atlantic (el sello que albergó a Coleman)  tenía el valor de poner en el mercado (¡vaya personaje Nesuhi Ertegun!) era rigurosamente seminal, con todo el vigor y la poesía de los primeros dibujos de un saxofonista y el rigor secreto de alguien que pisaba siempre suelo (melódico) firme, y bien firme.

Así que, donde algunos sólo encontraron disonancia feísta, iconoclasta de baratillo y pedantería para consumo exclusivo de iniciados, otros hallaron un abrevadero del agua más fresca que podía encontrarse en la música de entonces. Emanando,  a destajos,  sin respetar cauces pero (en contra de lo que afirmaban los catastrofistas), sin voluntad de celebrar el funeral de la tradición acumulada hasta la fecha por el jazz.


Ahora, como super yapa, mis 3 discos favoritos de Ornette Coleman:

The Shape of Jazz to Come

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Uno de los discos más escandalosos de la historia, y se genera cuando Ornette y su cuarteto debutan en New York, un cuarteto que se jactaba de no usar un piano, se olvidaron del swing, degeneraron al bop y como era de esperar se armó una discusión de proporciones, la novedad que significaba la música harmolódica de Coleman generó resquemores hasta en los más progresistas del genero, y por su ímpetu rupturista se le adoso el nombre de Free Jazz. El concepto musical que se ofrecía era tan intenso que condiciono todo el entorno, instrumentos, ideologías y estilos. Deja de apoyarse en las eternas secuencias de acordes, prefiere alimentarse del blues, de las concepciones crudas de las música. Definió el “jazz que estaba por venir”, aunque muchos no querian que llegara. Para mi, como para muchos la mejor placa de Coleman, de escucha obligada para cualquier aficionado al jazz.

En conclusión “The Shape of Jazz to Come” sirve de manifiesto avant-garde (o free si prefieren) de Coleman. Para unos, acto de terrorismo, para otros, feliz ejercicio de libertad creativa extrema.

Free Jazz

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“Free Jazz” supone la real acta de nacimiento del estilo. El mismo fue tomado como directa referencia al nombre de este álbum. Probablemente una conmoción a la altura del estreno parisino de “L’Age d’or” (Buñuel). Algunos le querían linchar ahí mismo y el respetabilísimo Max Roach transmitió su grado de entusiasmo a Ornette con mucha elocuencia: a puñetazo limpio.

Él, picarón, sólo quería quitarle al jazz el corsé. No era difícil interpretar torcidamente su empeño como el de un obseso degenerado que, en realidad, quería violar y descuartizar a la dama, sobre la que otros se arrogaban la exclusiva de la aprobar con qué maneras es admisible cortejarla.

La enmarañada improvisación de 37:08  minutos golpea la mesa del jazz con escandalo, no con intención de provocar y sí de radicalizar los viejos preceptos bebop que ya estaban generando su propio moho academicista.

Este disco presentó lo que en su época significo una auténtica locura compositiva. La ausencia de armonía seguido por disonancias, libres improvisaciones grupales, y como si estas excentricidades no bastaran para semejante desafío, Ornette Coleman se hizo acompañar de 7 músicos que  no podían ser otra cosa que verdaderos virtuosos de sus instrumentos, todos ellos de la máxima elite del Avant -garde, a quienes dividió en dos cuartetos: el primero compuesto por  Don Cherry (trompeta), Scott LaFaro (contrabajo), Billy Higgins (batería)  y  el papucho del flow Ornette Coleman (saxo alto), quienes enredan su turbulencia en el parlante izquierdo. El otro cuarteto es compuesto por el  genial Eric Dolphy (clarinete) junto con Freddie Hubbard (trompeta), Charlie Haden (contrabajo) y Ed Blackwell (batería) quienes atacan por el flanco derecho. Entre todos consiguen encajar las piezas de este puzzle endemoniado, arisco y repleto de escondrijos bizarros rellenos de miel. Una improvisación que crispa los nervios, fascina, irrita, enamora, confunde y te abre la conciencia. Un alarde irrepetible, ya que se despliegan todas sus facultades individuales en pos de la idea grupal del disco, logrando un aluvión de sonidos impactantes que hacen de “Free Jazz” una pieza única.

Créanme que no es pedantería acotar que este registro es solo disfrutable para gente avezada en el estilo. Las figuras rítmico/melódicas de las improvisaciones toman como punto de partida una idea primaria, y son desarrolladas polifónicamente en forma de pregunta/respuesta a  la manera de la vieja usanza del primer Jazz de New Orleans.

This is our Music

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Desde la caratula, Coleman y su cuarteto clásico compuesto por Don Cherry, Charlie Haden y Ed Blackwell  nos dicen This is our music motherfuckers!!, para presentar de forma burlona e inesperadamente un disco que suena a jazz agradable y “normal”. Pero no todo es color de rosas, se toma su tiempo y cuando quiere hace sonar al saxo como un gato estrangulado, desafiando la coheción del disco; este es un hueso duro de roer, nada amable, un poco árido pero tiene su lado adictivo: Coleman jugando a ser Dr. Jeckil y Mr. Hyde

El álbum produjo asombro por un lado, admiración por el otro, y como ya era costumbre, muchos detractores. Pero nadie pudo ignorar el valor artístico de esta obra, y las generaciones siguientes, quien más … quien menos, se vieron notoriamente influenciadas por el legado de Ornette.


Ornette Coleman y el sonido de lo humano:

Lo que define históricamente a Ornette Coleman, juntamente con su inconfundible sonido, es la visión que tiene acerca de la música, llámese jazz o como quiera llamarse. De hecho, Ornette siempre ha querido derribar las divisiones que existen entre música clásica, jazz y música popular. Para él estas barreras no existen, son artificiales, culturales, en el sentido de no-naturales.

Esta visión se identifica con un enfoque desinhibido, altamente interactivo y muy a menudo intuitivo de la música. O sea, la definición clásica de free jazz, que técnicamente podríamos definir como:

a. Utilización de lineas melódicas cantables que se desarrollan libremente, sin ataduras a ruedas de acordes inamovibles o a duraciones de coros regulares. Es decir, melodías que se abren y se cierran en sí mismas, sin atender a otras razones. Estas melodías que se pueden cantar tienen su origen en la música popular, el folklore, por eso se ha dicho tantas veces que Ornette Coleman es un músico popular ilustrado.

b. Educado rechazo del sistema harmónico occidental, y establecimiento de una lógica harmónica no convencional. La harmonia colemaniana es más contrapuntística que harmónica, de ahí el problema que ha habido siempre al querer “traducir” una música monofónica a un instrumento harmónico. (Únicamente Paul Bley y James Blood Ulmer han salido airosos del envite)

c. La unión de un pulso rítmico interno con estructuras ligeramente organizadas (cuando no totalmente abiertas). Esta aparente contradicción es uno de los pilares del free jazz. Existe un pulso (o varios simultáneos) que proyecta la música hacia delante, pero este pulso está abierto en sí mismo, no tiene un fin al que converger o una meta por la que ir pasando. Eso ayuda también a crear la sensación de libertad, de que el futuro está todo por escribir, origen de tanta ansiedad en tantos otros artistas.

Todos estos conceptos utilizados libremente en una improvisación colectiva con un alto contenido emocional son los que han definido el estilo de Ornette Coleman. Una música que quiere y consigue sonar nueva, refrescante, directa en cada interpretación, aunque no siga la lógica convencional. Una música que se sitúa en el terreno de la misteriosa y vaga “harmolodía” (harmolodics), el sistema musical que definiría los principios fundamentales del quehacer de Coleman.

Para Coleman, la harmolodía sería algo así como una gran teoría unificada de la música que uniría en su seno la harmonía, la melodía, el ritmo, la estructura, la improvisación, etc., así como su interacción con las otras artes, y que presentaría una alternativa a los esquemas y prácticas artísticas occidentales (y también de otras culturas).

Tomajazz.

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~ por fvguerino en enero 22, 2009.

Una respuesta to “Ornette Coleman: El Hombre que Asesinó al Jazz”

  1. “Most people think of me only as a saxophonist and as a jazz artist,” he once stated, “but I want to be considered as a composer who could cross over all the borders.”

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