Tom Waits – Rain Dogs

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Después de su exitoso  Swordfishtrombones, Tom Waits decidió continuar con la experimentación de la misma e intrigante manera. El resultado fue la definición de obra maestra, Waits edito un disco indispensable, el Rain Dogs.

Rain Dogs es una etapa posterior de Swordfishtrombones, sustituyendo los nudos incompletos de este  último, por ideas brillantes que se alojan en cada una de las diecinueve canciones. Con una producción perfecta que coquetea con el lo-fi se refuerza de manera necesaria las letras sustanciosas. Las innovaciones de su predecesor se hacen cada vez más atractivas, los gritos, las percusiones exóticas, el tradicionalismo, todo confabula en formar al Waits más catarquico que nos podamos imaginar. Aún así el Rain Dogs no se queda en ser el salto natural del Swordfishtrombones, sino que reluce en su propia esencia, con una visceral y cruda potencia, camaleónica a todo momento.

A pesar del carácter netamente experimental del disco, Rain Dogs se las arregla para preservar una frescura notable, otorgando una accesibilidad e inmediatez loable. Acá no hay nada de “re-listen”, los 54 minutos pasan volando y tan satisfactorios como una cena de Navida para el estomago. Este concepto de flexibilidad que posee Waits se refleja gracias a que es la voz de las almas perdidas (Rain Dogs son los perros que se han perdido porque su olor ha sido arrastrado por la lluvia), y es así como nos encontramos nuevamente con Frank el marino del Swordfishbone, quien se dispone a zarpar de Singapur, un relato del todo surrealista, lleno de percusiones y cuerdillas que conducen a la imaginación directamente al rincón asiático. Esta apertura se yuxtapone hábilmente a la imagen oscura y polvorienta de Clap Hands, que con un coro simple nos conduce a los juegos más oníricos de la niñez, a una tenue pero árida tranquilidad. Algo similar ocurre en la maravillosa Cementery Polka, que combina imágenes sobre la muerte y la enfermedad con una melodía otorgada por un optimista acordeón, donde Waits ladre sabrosas lineas  “Tío Violeta voló como piloto, dijo que no hay chicas bonitas en Francia, ahora se enfrenta a un corredor de apuestas …”, esta nos garantiza una hipnotizante detención, ya es imposible salir del encanto weitiano. Gracias a la Jarmusch , Jockey Fill of Bourbon, se presenta como uno de los temas más famosos del disco, al aparecer en la pelicula Donw By Law, donde además waits figuro con un protagonico, se relata un cuento casi susurrado del libertinaje, la ebriedad, de una guitarra asesina y vanguardista, Waits sigue esta historia de abuso de alcohol con Tango Till They’re Sore, un tema musical tan mareado que casi simula la experiencia de estar borracho. Haciendo uso de un piano brillante pero incompetente golpeado que evoca vívidamente una escena de descomposición frívola con el coro “Déjame caer por la ventana con confeti en mi pelo, Deal tomas de salida son mejores en una manta por las escaleras “. De este mareado y violento barrio damos vueltas y vueltas hasta que el atronador Big Negro Mariah arranca gruñendo y bluseando, palmeando al oyente para Diamonds and Gold, tal vez el momento más introspectivo, una pieza tan entretenida como lamentable, una trampa entre el deseo materialista y los anhelos en forma de arco iris, que palidecen de formas poco ortodoxas.

Luego de todo este volteretazo avant-garde, llega Hang Down Your Gead, que puede presumir una mayor calidez y humanismo que el resto del disco, mucho más agradable y “fácil” de cantar, tal vez porque es un tema escrito por su esposa Kathleen Brennan. Si las cosas están suaves, pues se mantienen suaves, “Y tú eres el este de East St. Louis y el viento está haciendo discursos y la lluvia suena como una ronda de aplausos “, así es como Time, una balada aparecida de la nada unifica todo el proceso del disco, encajando anecdoticamente con su dolor y melancolía acústica.

Oh la la, el familiar sonido del acordeón inicial de Rain Dogs (el tema), no arrastra como almas perdidas bajo la lluvia, con sus aires entre festivos y letárgicos, “yo soy un perro bajo la lluvia también”, donde cada ladrido comulga con la juerga mancomunada entre oyentes y música, con aires de expreso turco de media noche.

Midtown, un tema instrumental tan jazzero como policial corta todas las aguas, para teletransportarnos a la ley seca, a las persecuciones, al asalto de bancos y la fuga de bonny and clyde, todo ello en apenas un minuto, conciso, nada le falta. 9 y Hennepin es una pista de palabra hablada, establece en un fondo musical de mal agüero. 9 y Hennepin está llena de grandes líneas desde el principio (” Bueno, es 9 y Hennepin y todos los donuts tienen nombres que suenan como prostitutas “) y se entrega con una fría indiferencia, de lo mundano, de las minuciosas miradas de un observador   “El detrás de la barra tiene una lágrima tatuada, una por cada año está ausente, dijo, tal belleza en ruinas, pero no hay nada malo con ella en que 100 dólares no van a resolver “. El minimalismo se continúa en Gun Street Girl, una auténtica maravilla, el blues rock a la vena. Con un ritmo rápido, con una enorme diversión Union Square reelabora el coro de Donwtown (otro tema de Waits) para acelerar el sucio blues y transformarlo en un balanceado rock n’ roll. Blind Love, viene a diversificar más aún los estilos alojados en Rain Dogs, aumentando la oferta melódica, recordando a Time o Hang Down Your Head, reproducción intensa de la tosca y polvorienta voz de Waits, un tema digno de un vaso de wisky y un revolver. Walking Spanish, en cambio, es una impermiable hecho a la medida, un blues hecho a la medida, lleno de letras escupidas y gruñidos de la misma claridad, jugando en el límite de la claridad. Tal vez los dos últimos temas mencionados se vean opacados por la notable y rigurosa DownTown Train, un clásico de la Americana, que combina la experimentación en bruto con la composición clásica y tradicionalista, que dicho sea de paso es la formulilla del disco, un aplauso a la solemnidad lúdica, testimonio de un exito potencial.

A continuación un minuto de duración instrumental, Bride of Rain Dogs, que proporciona un intervalo de Niza entre el tren muscular “Downtown” y el final completamente increíble. “Anywhere I Lay My Head” es Waits clásico de todo, la apertura con un grito espantoso y tosco. Cuando Waits  grita “Mi cabeza es redonda y rota” es casi imposible recopilar todo lo que nos ha entregado este disco, que de forma alarmante, nos guarda el ultimo y electrizante aullido, edificante en la cohesión del disco, en el cierre perfecto de un viaje extraordinario, aires cabareteros, voz vertiginosa, un rompecabezas que encaja de forma univoca en el gustillo experimental, una pieza clave de los 80s, que se transformo en un culto, en una forma de elogiar el pupurri musical….

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~ por fvguerino en diciembre 16, 2009.

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