Federico García Lorca

Se dice mucho eso de “se debería enseñar en las escuelas”, cosa de la que yo no suelo estar muy de acuerdo (sobre todo, en lo que respecta a las cosas que me gustan).

Porque, no nos engañemos, los niños aborrecen lo que les enseñan en las escuelas. Y no creo que muchos fueran capaces de valorar cierta clase de obras que, por mucho que nosotros consideremos absolutamente necesarias para el desarrollo completo de un ser humano, se han de descubrir por voluntad propia. O por sorpresa. Pero no por imposición.

Tres son mis poetas favoritos:  Vicente Huidobro, Miguel Hernandez y Federico García Lorca. Los dos primeros los descubrí por mi cuenta, me cautivaron y formaron, mientras que García Loca, supuestamente era un gusto engendrado por la educación escolar. Luego de hablar esto con mi madre, me di cuenta que no podía estar más equivocado, cuando niño me leía los Romanceros, mi pasión por Lorca viene desde la cuna.

Ya de joven el mito de Lorca crece para mi cada vez más, perteneció a la generación del 27, convivó con Dalí y Buñuel, y por ultimo su final en manos de la Guerra Civil Epañola (un tanto por despistado y otro por su afinidad con el Frente Popular).

Como no enseñar y degustar la recopilación folklorica entorno a los gitanos, usándolos como eje para mostrar las difrencias de la sociedad burguesa con la tradición. Como no encandilarse con luna bañada de muerte, fría y esquiva de las pasiones humanas, como una Afrodita que encandila las pasiones de los moribundos; como no apegarse a la figura del jinete, gallardo, masculino, erótico, … y su fascinación por la tierra, la hierba, los comensales, mozuelas, navajas, platería y luciérnagas. Como decir con más tacto que la Casada Infiel, el cuernear a alguien:

Y que yo me la llevé al río
creyendo que era mozuela,
pero tenía marido.

Fue la noche de Santiago
y casi por compromiso.
Se apagaron los faroles
y se encendieron los grillos.
En las últimas esquinas
toqué sus pechos dormidos,
y se me abrieron de pronto
como ramos de jacintos.
El almidón de su enagua
me sonaba en el oído,
como una pieza de seda
rasgada por diez cuchillos.
Sin luz de plata en sus copas
los árboles han crecido,
y un horizonte de perros
ladra muy lejos del río.

*

Pasadas las zarzamoras,
los juncos y los espinos,
bajo su mata de pelo
hice un hoyo sobre el limo.
Yo me quité la corbata.
Ella se quitó el vestido.
Yo el cinturón con revólver.
Ella sus cuatro corpiños.
Ni nardos ni caracolas
tienen el cutis tan fino,
ni los cristales con luna
relumbran con ese brillo.
Sus muslos se me escapaban
como peces sorprendidos,
la mitad llenos de lumbre,
la mitad llenos de frío.
Aquella noche corrí
el mejor de los caminos,
montado en potra de nácar
sin bridas y sin estribos.
No quiero decir, por hombre,
las cosas que ella me dijo.
La luz del entendimiento
me hace ser muy comedido.
Sucia de besos y arena
yo me la llevé del río.
Con el aire se batían
las espadas de los lirios.

Me porté como quien soy.
Como un gitano legítimo.
Le regalé un costurero
grande de raso pajizo,
y no quise enamorarme
porque teniendo marido
me dijo que era mozuela
cuando la llevaba al río.

Como recordar cuando recitaba medio ebrio el Romance Sonámbulo, en algunas ruinas de Valparaiso con el amanecer en mi cara:

Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda,
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas le están mirando
y ella no puede mirarlas.

*

Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha,
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde…?
Ella sigue en su baranda,
verde carne, pelo verde,
soñando en la mar amarga.

*

Compadre, quiero cambiar
mi caballo por su casa,
mi montura por su espejo,
mi cuchillo por su manta.
Compadre, vengo sangrando,
desde los montes de Cabra.
Si yo pudiera, mocito,
ese trato se cerraba.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
Compadre, quiero morir
decentemente en mi cama.
De acero, si puede ser,
con las sábanas de holanda.
¿No ves la herida que tengo
desde el pecho a la garganta?
Trescientas rosas morenas
lleva tu pechera blanca.
Tu sangre rezuma y huele
alrededor de tu faja.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
Dejadme subir al menos
hasta las altas barandas,
dejadme subir, dejadme,
hasta las verdes barandas.
Barandales de la luna
por donde retumba el agua.

Ya suben los dos compadres
hacia las altas barandas.
Dejando un rastro de sangre.
Dejando un rastro de lágrimas.
Temblaban en los tejados
farolillos de hojalata.
Mil panderos de cristal,
herían la madrugada.

*

Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
Los dos compadres subieron.
El largo viento, dejaba
en la boca un raro gusto
de hiel, de menta y de albahaca.
¡Compadre! ¿Dónde está, dime?
¿Dónde está mi niña amarga?
¡Cuántas veces te esperó!
¡Cuántas veces te esperara,
cara fresca, negro pelo,
en esta verde baranda!

*

Sobre el rostro del aljibe
se mecía la gitana.
Verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Un carámbano de luna
la sostiene sobre el agua.
La noche su puso íntima
como una pequeña plaza.
Guardias civiles borrachos,
en la puerta golpeaban.
Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar.
Y el caballo en la montaña.

Como no escuchar a Paco Ibañez musicalinzando a Lorca, la sublimación de un hombre y una guitarra española. Paco Ibáñez a cara de perro. Su vozarrón dibujando mapas de sentimientos sobre las notas machacadas de guitarra. Y luego está la interacción con el público, español en su gran mayoría. Capaces de saborear cada palabra.

Cancion del Jinete

Romance de la Luna

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~ por fvguerino en agosto 2, 2010.

Una respuesta to “Federico García Lorca”

  1. Con respecto al primer poema, la weá buena
    El resto también, pero ese es notable jajaja
    Excelente aporte wn. Saludos!

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