Amon Düül II – Wolf City

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Amon Düül en cierta medida, y más que nada a sus extraños sonidos siempre proyecto y se proyecyo como un grupo terrorífico, oscuro, apocalíptico, devastador, cuasi satánico, o esa es la simple asociación de ideas libres con lo que es su disco más famoso, “Yeti”. El hecho, es que entre tanta jam sessions y psicodélia, Amon Düül II logró adquirir un sonido más intrigante que la mayoría de sus pares.

Dentro de sus discos más accesibles, sin duda el “Wolf City” se situa dentro de los primeros, incluyendo voces femeninas, influencias orientales, mucho folk y mucha psicodelia, tanta que no suena como un mal viaje; en ocaciones hasta puede llegar a recordar a los niñatos de la costa californiana, pero estamos hablando de kraut, equivalente a altas dosis de experimentación, locura, ácidos y jams.

El disco abre con “Surrounded by the Stars”, un contraste entre la crudeza instrumental y las impovisaciones psicodélicas con algún aire, casi una brisa a la música española. “Green bubble raincoated man” se inicia como una delicada, accesible y hermosa canción de folk-rock, que toma por sorpresa, pero para cuando ya se piensa que el león, o en este caso el lobo, no era tan fiero como lo pintaban, el grupo  recuerda que esto es kraut-rock y se marcan una caótica jam-session y el tema acaba en pleno desvarío. Por lo menos no se les puede achacar que no haya sorpresas en el disco.  “Jail-House-Frog” es una frikada casi instrumental, interrumpida por ocasionales cánticos de “ranitas” como ya anuncia el título de la canción. “Wolf City” es otra ida de olla cercana al rock más ácido, con el grupo recitando poemas en medio del descontrol instrumental. Con ” Wie Der Wind Am Ende Einer Strasse” el salto cualitativo es enorme, introducen tablas, sitar, sintetizadores con sonidos cósmicos y el resultado es una pequeña maravilla de psicodelia oriental e instrumental. “Deutsch Nepal” es solemne, oscura, ácida, majestuosa, como si la hubieran compuesto dentro de un antiguo templo iniciático en la ciudad perdida o así, lástima que el tal Secundus Fichelscher (creo que es él) se lance a soltar unos discursitos que nada aportan al tema. “Sleepwalker’s Timeless Bridge” cuenta con colaboraciones de componentes de Popol Vuh y a pesar de continuar con las influencias orientales, suena como una versión más rockera, psicodélica y endurecida del grupo de Florian Fricke y con su extraña belleza en los minutos finales pone un brillante cierre al disco.

En definitiva un disco caótico, a ratos enervante a ratos emocionante, y uno no sabe si aplaudirles, abuchearles o ambas cosas a la vez, pero por lo menos no se les puede achacar falta de ideas y supongo que sin esos momentos de locura ya no serían Amon Düül, aún así más accesible de lo que  se espera.

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~ por fvguerino en enero 3, 2011.

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